EL BOXEADOR SEGUNDO ASALTO

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Meses después de aquel placentero encuentro, el boxeador se vuelve a poner en contacto conmigo, la experiencia le había gustado y esta vez quería darme un Nocaut pero no sólo con su puño sino también con su polla.

En esta ocasión me pidió que me vistiese de una manera especial, en aquellas cuatro rondas de cafés habíamos tenido tanto tiempo de conocernos y confesarnos que me desveló una de sus ocultas perversiones, su obsesión por las pelucas.

Habíamos quedado a las 10 de la mañana, por lo que me levanté en torno a las 8 para ducharme y arreglarme, decidí ponerme ligueros con medias de rejilla, un sujetador de encaje y todo ello escondido bajo un conjunto de falda de vinilo y corset negro y rojo, unos impresionantes zapatos de terciopelo rojo y elevado tacón cubrían mis pies. La vestimenta estaba preparada, ahora era el momento de peinarme y maquillarme.

Los tonos de ojo decidí que fuesen oscuros, grises y negros para destacar si cabe más mi iris color miel verdoso, máscara extralarga de pestañas y mi pelo rubio esta vez fue cubierto por una peluca con una impresionante melena negra ondulada, ya estaba preparada para que llegase mi contrincante y comenzar ese segundo round.

Llegó puntual a su cita, sus ojos salían de las órbitas cuando se encontró a aquella morena abriéndole las puertas de la mansión de la perversión, no hizo falta ni siquiera tocarlo para ponerlo cachondo, su polla estaba bien gorda y dura, no hicieron falta precalentamientos para comenzar el combate, por lo que me agarró fuertemente el brazo, me giró y apoyó mis brazos contra el mueble del recibidor agarrando las manos para inmovilizarme, mi culo en pompa estaba frente a su gran verga, que comenzó duramente a introducirse en mi empapado coñito, me sentía como si me estuviesen violando y esa sensación me ponía cada vez más cachonda, en esa misma posición cruzó mis brazos sobre mi espalda agarrándome con una sola mano y cacheteándome el culo con la otra cada vez me follaba más fuerte y a mí me gustaba más y más.

De repente decidió girar mi cuerpo hacia él como si de una peonza se tratase, subió una de mis piernas por encima de su musculado brazo y continuó follándome en esta posición durante unos minutos, a continuación subió mi otra pierna por encima de su brazo y elevó mi coño hasta su boca bebiendo todo el líquido que segregaba y llevándome hacia a la habitación, me tiró en la cama y comenzó a follarme en la conocida postura del misionero, todo su sudor caía encima de mi cuerpo, un sudor de olor suave que hacía que nuestros cuerpos se restregasen uno contra el otro, mientras me follaba vio la botella de aceite que suelo tener en la habitación, la cogió, me puso a cuatro patas y llenó el agujero de mi culo con este lubricante, me introdujo hasta 3 dedos antes de comenzar a follármelo, tan fuerte me follaba que me corrí infinidad de veces, de repente sacó su falo, me quitó la peluca y me agarró de mi pelo, poniendo su polla a la altura de mi cara para derramar toda su leche sobre mi rostro.

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