EL BOXEADOR

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guantes

Badoo es una fuente donde suelo encontrar a gran parte de mis víctimas, la verdad es una forma bastante cómoda de conocer chicos, ir al grano en las preguntas y ver su físico sin necesidad de tenerlos delante, aunque en ocasiones las fotos son antiguas o no son reales, esta vez tuve suerte y coincidía la silueta que había visto en el ordenador la noche con el hombre de carne y hueso que llegó al día siguiente.

Era martes por la noche cuando “El boxeador” mandó un mensaje a mi perfil de badoo, no intercambiamos muchas frases antes de concretar hora para una cita al día siguiente en el bar de una amiga donde quedamos para desayunar, cuando llegó, la camarera no era capaz de mirar para otro lado que no fuese para él, tenía unos músculos bien puestos en su sitio, con unas piernas bien formadas de las carreras que hace todos los días para mantenerse en forma, lo que iba a ser un café se convirtió en 4 y los 10 minutos reglamentarios para comprobar que estaba ante la foto del día anterior pasaron a ser 2 horas ya que estuvimos manteniendo una amena conversación sobre nuestros gustos sexuales, de primeras ambos interpretamos que habíamos perdido el tiempo, pero a día de hoy tras 3 encuentros bacanales ambos consideramos que es lo mejor que pudimos haber hecho, ya que conocemos el uno del otro las perversiones que nos hacen llegar al limbo del placer, muchos secretos nos descubrimos durante esas cuatro rondas de cafés que hacen que cada uno de nuestros encuentros sexuales sean más placenteros ya que los tabús nunca han existido.

Parecía que no iba a llegar el momento de que me pidiese que nos fuésemos para mi casa y abandonásemos la cafetería, pero tras dos horas de cafeína encima ese momento llegó, así que caminamos los escasos 200 metros que hay hasta llegar a mi casa, abrí la puerta y entré en el portal, me pidió que subiese delante los tres pisos que van del portal a la puerta de mi casa, para poder observar el movimiento de mis cachas, mientras subía las escaleras me introducía sus manos entre mis partes más íntimas, estaba tremendamente mojada, sus dedos eran absorbidos por mi vagina a cada paso, por fin llegamos a la puerta de mi casa, la abrí y no pude evitar bajarle los pantalones y empezar a comer ese enorme falo que se escondía bajo su ropa interior, estaba infinitamente cachonda, necesitaba devorar aquel rabo que acababa de degustar, la excitación era mutua, por lo que cuando no pudo aguantar más me cogió fuertemente en brazos y me llevó hasta mi habitación, me tiró en la cama posicionándome a cuatro patas y comenzó a lamer mi empapado coño, de repente noto como introduce en él su mango bien duro y comienza a follarme con la brutalidad que emana un boxeador, los golpes eran fuertes y rápidos y yo disfrutaba más que una perra en celo, tan cachonda estaba que poco tardé en pedirle que cambiase de agujero y me follase con la misma intensidad mi culo, así lo hizo durante un buen rato, me corrí montones de veces hasta que llegó el momento de que se retirase de dentro de mi agujero más íntimo para llenarme mi 110 de pecho de su caliente leche.

A pesar de lo bien que me lo había pasado yo quería más y más, por eso, cuando se retumbó para descansar le pedí que colocase su codo en ángulo de 90º y de cuclillas introduje ese puño que tantos puñetazos daba dentro del ring dentro de mi coño, flexionaba y extendía mis rodillas como si de follarme una polla se tratase, el boxeador me confesó que nunca había conseguido introducir al completo su puño dentro de la vagina de una mujer, esta era la primera vez, la primera cita que tuvimos ya tenía algo especial.

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