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Mi Vecina Madura y Viuda

21/11/2019 por Diario del Porno | Comentarios desactivados en Mi Vecina Madura y Viuda


Soy hombre casado, metido en la cincuentena, un hombre normal al que nunca le ocurren cosas demasiado anormales, pero en la ocasión que paso a relatar si se salió ampliamente de lo normal, es por ello que paso contarla tal como sucedió…

Vivimos en un bloque de pisos de esos que tienen ya muchos años, como la mayoría de españolitos de a pie; justo en la puerta de enfrente residía un matrimonio mayor que rondaban los 60 años y a los que conocemos más de media vida, con una relación cordial, lo habitual entre vecinos, un poco de sal, como está el tiempo y poco más…

Hace un par de años falleció el marido de la pareja quedando ella viuda, un poco de pesadumbre los primeros meses y poco más, la relación siguió igual que siempre…

Los hechos sucedieron este verano pasado y que paso a relataros sin más dilación…

Llaman a la puerta, miro por la mirilla y era Amparo mi vecina mayor, abro y…

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Llenando de leche las bragas de mama

11/11/2019 por Diario del Porno | Comentarios desactivados en Llenando de leche las bragas de mama


Esta es una de las historias más excitantes que te tenido hasta el momento, me llamo Joel tengo 25 años, esta historia sucedió cuando tenía 17 años, ya tiene algo de tiempo pero vaya que fue buenísima, mi madre se llama Lorena ella en ese tiempo tenía 39 años de edad, es una mujer promedio, es de baja estatura tiene pechos no tan grandes pero los suficiente para llenar sus brasieres, es de piel morena, no muy bonita, como decía es normal , lo que si destaca es su trasero, este es grande redondo y muy duro para su edad, un señor culo se podría decir.

Hasta esa día, nunca tuve alguna obsesión con ella, de vez en cuando se ponía minifaldas y le veía el culo, como se le marcaba sus bragas, si paso un par de veces por la cabeza el cogerme ese culo, pues a los 17 estas que ardes con la hormonas.

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Una tarde aburrida. Aburrido en casa, me pongo a espiar a la vecina y me sorprende mi hermana.

24/09/2019 por Diario del Porno | Comentarios desactivados en Una tarde aburrida. Aburrido en casa, me pongo a espiar a la vecina y me sorprende mi hermana.

Lo que transcribo a continuación es el relato de lo que ocurrió el día en que me inicié, de forma abierta y sin remilgos, al sexo. Constituye un recuerdo del pasado, explicado hoy con la perspectiva que permite la experiencia. Por eso, el relato puede contener expresiones o interpretaciones que son más propias de un análisis retrospectivo, realizado actualmente.

Ocurrió una calurosa tarde del mes de junio, a punto de empezar oficialmente el verano de 1976 en la que después de comer, todos los miembros de la familia se habían ido a atender sus ocupaciones rutinarias. Todos excepto mi hermana Elvira, que esa semana se encargaba de fregar los platos. Ella era la mayor, con veintidós años, y se turnaba con mi otra hermana, Delia, de veinte. Esa tarde también yo estaba en casa, ocioso, sin saber qué hacer. Hacía dos días que había acabado los exámenes de selectividad, y mientras esperaba el resultado, andaba holgazaneando y sin saber qué hacer con mi tiempo.

Contaba yo dieciocho años recién cumpliditos y mi experiencia con el sexo era de lo más desalentador. Nada de novias, nada de contacto con chicas… Un desastre! Eran otros tiempos, claro.

La cuestión es que estaba aburrido en mi habitación, y a través de la ventana, que estaba entreabierta, me llegaron los sonidos típicos del trasteo con platos, vasos y demás menaje de cocina. Procedían del primer piso del edificio –yo vivía en un segundo-, de cuya cocina obtenía desde mi habitación una perspectiva bastante aceptable, pues la veía desde arriba. En ella estaba fregando los platos la vecina. Una mujer de unos treinta y algo, a la que ya tenía fichada, porque solía ponerse una especie de batita para estar por casa, muy corta, que mostraba unos muslos que a mí se me antojaban muy provocativos y sugerentes. Me quedé mirando a la espera de que en algún gesto que hiciera, al agacharse o estirar los brazos, descubriera a mi mirada libidinosa un tramo aún mayor de muslo, o quién sabe si algo más.

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